12 de julio de 2011

Un año más

La Rubita de la Plaza hoy cumple años. Llega a esa edad en la que empieza a echar de menos a gente que nunca se planteó que le faltaría a su lado; en la que comprende la verdad de muchas de las cosas que le advertía su madre con tanta insistencia desde niña y que entonces, por supuesto, no tenía en cuenta; la edad en la que los sueños se debilitan por la necesidad de pagar facturas.

A la Rubita de la Plaza los cumpleaños la ponen rara. No se puede llamar tristeza lo que siente: un amante de la vida como ella nunca se permitiría sentir pena por vivir otro año, aunque solo sea por el recuerdo de los que no pueden hacerlo. Es una sensación que nunca sabe describir, pero se repite siempre. Es quizás la certeza de saber que el tiempo no se detiene, que la vida no era como creía, que las personas son imperfectas sin remedio como ella misma, que mientras crece también papá y mamá envejecen, que al fin y al cabo era verdad eso que un día anotó en su diario: "madurar es aprender a perder".

Querida niña que estás en mí, no tengas miedo. La vida es un milagro en equilibrio, más débil del que podemos pensar, pero el amor y la esperanza siempre harán, pase lo que pase, que merezca la pena.