22 de septiembre de 2011

Cosas que se olvidan... o no

Hay cosas que se olvidan... o no. Cosas que se duermen en resquicios ocultos de nuestra memoria, tan oscuros que parecen no existir, pero que por azares inconexos un buen día te sorprenden con su recuerdo.

Llevo varios días pensando en mi infancia. Concretamente, desde el pasado lunes. Una entrevista de trabajo con demasiadas preguntas sobre mi pasado más remoto me ha encendido el motor de búsqueda de imágenes perdidas.

Así, navegando en retroceso he llegado hasta un hecho antes cotidiano, que ya apenas recordaba: mi padre y los cuentos.

Había olvidado -me parece mentira- el ritual compartido cada noche:
Después de un largo día, mi padre se iba a la cama mientras mi madre terminaba de recoger los despojos de la cena. Yo, polizonte descarada, lo seguía y de un salto subía a la cama para pedirle un cuento. Él accedía sin resistencia al capricho de la niña de sus ojos y empezaba:
-Érase una vez dos hermanos...
-¡Nooooo! -interrumpía yo.- Ése no. Otro, que ése ya me lo sé.
Entonces preguntaba el buen hombre:
-¿Cuál quieres? ¿"Mariquita y Periquito" o "Zurroncito"? Yo no me sé más que esos dos...
Y yo contestaba cada noche:
-Es igual, ninguno de esos. Mejor, te cuento yo uno.

Y así, noche tras noche, inventaba un cuento nuevo para mi padre. Tumbada mirando al techo, relataba la improvisada historia. La enredaba y enredaba hasta acabarla de la forma más sorprendente, sintiéndome orgullosa de mi relato al llegar el fin. Pero cuando el "colorín colorado" salía de mi boca, volvía la vista hacia mi padre y estallaba el enfado: Otra vez se había quedado dormido, siempre se perdía el final de mis historias... Un segundo más tarde de la indignación, le perdonaba. Entonces, como una madre, le daba un beso en la frente, lo arropaba bien y bajaba de la cama con sumo cuidado para no despertarlo. Así, cada noche.

Me parece increíble que hubiera olvidado por completo esa rutina. No sé en qué momento, qué noche, dejé de seguir a mi padre para dormirlo con cuentos. Quizás alguna vez le pida que me cuente uno él a mí: "Mariquita y Periquito" o "Zurroncito", me es igual. Cualquiera de los dos me sonarán a gloria.

2 comentarios:

La gata Roma dijo...

Pero que cosa más bonita… Tengo intriga, no conozco ninguno de esos dos… Zurroncito me atrae mucho.
Yo no dormía ni a tiros, como ahora, y mi pobre madre creía que con los cuentos lo haría; a veces los leía, porque por cierto, poca gente lee tan bien como mi madre, y otras se los inventaba. Sea como fuere, acababa el cuento ella casi dormida y yo con los ojos como platos, incapaz de dormirme sin saber el final, aunque ya lo conociera.
Claro está, tenía un precedente de tiempo anterior, en que siendo muy muy pequeña mi madre se quedaba dormida moviendo la cuna mecanícamente mientras cantaba nanas, y al callarse escuchaba entre sueños como yo con media lengua me cantaba a mí misma la canción…

Kisses

Y vaya tela con las entrevistas, como profundizan…

Kisses

Romani dijo...

Pobres progenitores nuestros lo que han sufrido con nuestros insomnios, jeje.

Algún día relataré esos cuentos antiguos en alguna entrada pa que no se pierdan en el olvido. El de Zurroncito te adelanto que trata básicamente de un niño que metido en un zurrón va cantando por los pueblos:

"Madre, pobre mi madre,
siendo un zurroncito moriré,
por los zapatitos de oro
que en la fuente me dejé."

El de Mariquita y Periquito es de los más macabro, incluye canibalismo fraterno, con eso te lo digo todo. Hoy en día estaría prohibido y penado legalmente contarle ese cuento a un menor.

Besos.