1 de septiembre de 2014

Septiembre

Volver. ¿Adónde? A la nada que es nuestro todo. Al horizonte que otra vez dibujamos con el trazo apasionado de un sueño; aunque el pincel tiemble entre los dedos presintiendo el destino de sus frutos, aunque sepamos que poco importa el color elegido si ha de desvanecerse de nuevo con el aguafuerte de la realidad que siempre, ya inercial, acaba firmando nuestras obras.

Otra vez ante nosotros el lienzo de septiembre nos pide inventar un esbozo de comienzo, un boceto de vida que se parezca en algo a lo que un día nos prometieron. Ya hemos perdido la cuenta de las naturalezas que, lejos de asemejarse a algo vivo, terminaron rematadas en la basura; y no sabemos cuánto tiempo más podremos seguir ensayando este autorretrato que en muy poco se nos parece.

Pesan las hojas del calendario y duele volver a este eterno garabato, usurpador de la palabra que llevamos dentro, la que debía nombrarnos. Volvemos, con la frente marchita de juventud mal empleada, otra vez a este septiembre que no elegimos, tan ajeno  a aquel que esperábamos…

Paleta en mano, ante el blanco vacío inmaculado, respiramos profundamente y dejamos que un perfume de óleo azul, color del infinito, vuelva a colarse por los recovecos de nuestro pecho un curso más. Sin punto certero de regreso, sentimos la llamada del deseo: intentar un nuevo lienzo, olvidar puertas cerradas, volver a la posibilidad.

12 de julio de 2014

La suma

Las velas ya están encendidas. La cera arde esta vez sobre un asfalto más dulce que el de otras ocasiones. Aquí no hay penitencia… o quizás sí. Los pabilos se consumen prendidos con el peso de un año más y las llamitas (que ya se cuentan en más de la treintena) tiemblan con el nervio de los sinsabores que vinieron sin ser esperados, con la suma de las nuevas decepciones y los miedos sin vencer…

Ella une sus labios y los redondea en un perfecto círculo carnoso, como si fuera a besar a su gran amor (así sea). Y recuerda aquel día en el que oyó por primera vez el llanto de aquel bebé querido, y la noche en la que las risas golpeaban las paredes de su cuarto, y el día en el que supo la fecha en la que comenzaría el resto de su vida, y el momento en el que colocó sus libros en un hogar por estrenar, y la tarde en la que los buenos recuerdos la hicieron viajar al pasado con la mejor de las amigas, y las páginas que la esperan para ser leídas, y la voz de sus padres en el teléfono hace un rato deseándole que lo mejor esté por venir, y la certeza de amar y ser amada…

Empuja el aire de sus pulmones y sopla. Las llamas se apagan y una luz se enciende al pensar: ¡Qué bonita la vida!